Un viaje de ida y vuelta

Arranca (para mí) una nueva semana -sí, es miércoles pero vivo en plena anarquía temporal- y después de unos días de viaje, tengo que respirar hondo y llenar de aire mis pulmones para mirar, de nuevo, hacia delante. Me encantaría que cada uno de los post que voy dejando en este diario que estoy compartiendo con quien tenga a bien leerme gozasen cada vez de tintes más optimistas, pero irremediablemente y para la tranquilidad de todos soy humana. Una humana de las de libro, no soy un ser excepcional.

Ahora mismo lo que soy es una montaña rusa de sentimientos y, aunque los que me queréis veis en cada uno de mis actos un atisbo de mejoría, tengo que desvelar que cada vez son más los ratos que decido vivir mi tristeza en privado, en la paz y tranquilidad de mi casa. He estado muy preocupada por intentar hacer sentir mejor a las personas que han estado cerca de nosotros sobre todo en las primeras semanas tras el palo, pero ahora necesito centrarme en mí, para ponerme bien y recuperar la ilusión por vivir. Sé que mis palabras de los últimos miércoles pueden tener un sabor bien dulzón, pero que nadie os engañe: no es fácil reponerse de la muerte de tu bebé. Y este tránsito por el duelo que me ha hecho apalancarme en un nihilismo existencial es muy complicado de gestionar. La buena noticia es que he decidido poner toda la voluntad del mundo por ponerme bien, valga lo que valga, aunque de momento imploro paciencia.

Peñafiel, marzo de 2019.

Hemos estado de nuevo de viaje y nos hemos dejado acariciar una vez más por el cariño y el mimo de nuestros amigos. Reconozco que lo de poner pies en polvorosa me viene bien, porque aleja mi mente del «drama», pero no mi corazón. Salir fuera me mantiene ocupada, aunque no pueda evitar pensar que somos dos almas rotas de tránsito perpetuo por el mundo, en busca de nuestro sitio. Y por más que cambie de aires, no dejo de pensar en mi niño, al que nunca podré olvidar. Pobre del que piense que «olvidando» este mal sueño, sanaré antes. Postergar un hijo es la mayor de las crueldades. Así que he decidido vivir en un segundo plano, a mi aire, trabajando en mi recuperación sin molestar a nadie. Para que pasen los días y las noches tranquilamente en un viaje del que regresaré seguro, más fuerte y con los pulmones llenos de oxígeno.

Admin

8 thoughts on “Un viaje de ida y vuelta

  1. Tienes todo el derecho del mundo a sentir lo que sientes y como lo sientes.Esa montaña rusa es normal.Tienes sangre en las venas no horchata.Animo se que conseguirás salir de este pozo,aprendiendo a convivir con ese dolor.un abrazo muy grande

  2. Creo que hay algo muy importante que os ha regalado vuestro hijo, y es que ha despertado en vosotros una clase de amor, que nunca habíais sentido. Ha dejado sembrado el amor que sois capaces de dar como padres, y no puede ser en vano. Un segundo hijo, seguro que será tremendamente afortunado del legado que dejó su hermano mayor. Un abrazo muy fuerte a los dos.

  3. El trago que tuvisteis que pasar no se olvida y para limpiar la cabeza y volver a la «normalidad» pasará un tiempo. Vale más recuperarse bien, sin prisa, que fingir estar bien y luego recaer. Calmiña.
    Muchos besos y ánimo para los 2, desde el hospi!

  4. Se lo que sientes, yo perdí al mío con 19 días de vida hace tres años y medio y el dolor sigue siendo el mismo… Aprendes a vivir con el… Qué remedio de aprender a vivir con el. Mucha fuerza.

  5. Yo he pasado dos veces este duelo. Dos veces con veuntiun meses de diferencia. Han pasado casi treinta años y mis hijos siguen presentes en mi vida.
    No sabes lo bien que entiendo lo de tu miedo social y todo lo que escribes.
    Ningun hijo ocupa el lugar de otro. Todos son hijos unicos.

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