Los días de sol serán mejor

Me encuentro en un momento fuerte de trabajo y tengo poco tiempo para pensar y, precisamente este hecho, es el que hoy me ha hecho parar y reflexionar de cómo es mi vida ahora. Desde que el contador se puso a cero con el acontecimiento que más me ha podido marcar y del que nunca pensé que pudiese ser posible salir -porque es difícil imaginar lo inimaginable- me rendí y abandoné los planes a largo plazo. Me he vuelto tan cortoplacista que me obsesiono en organizar la semana profesional los viernes y me dejo llevar con todo lo demás. El trabajo es consuelo y entretenimiento para mí que salgo de casa cada día con ganas de comerme el mundo y de dejar a un lado mi drama. Las noches son inversamente proporcionales a mis planes de corto alcance y ahora mismo son el principal escollo que encuentro para llevar una vida tranquila. Los fantasmas revolotean alrededor de mi cama y es muy difícil controlar la mente en las interminables jornadas a contraluz. Un poco de química controlada, combinada con deporte -en esto hay mucho que mejorar- es lo único que hace que Morfeo me maneje a su antojo.

Por la mañana, la periodista frenética, apasionada y emprendedora sale de su casa con garro y energía con una agenda programada y, de vez en cuando, algo improvisada. A mediodía suelo quedar con amigos, compañeros de trabajo o clientes para comer o tomar un café, que es un descanso para las jornadas maratonianas que me pego, y nunca faltan las conversaciones cortas con mi marido cuando él va o yo vengo para ponernos al día o para recordarnos lo mucho que nos queremos, yo soy más de decirlo y él más de demostrarlo. Por la tarde continúo concentrada en mis quehaceres profesionales hasta que cae de nuevo la noche y comienza la pelea. Hoy he pensado que quizás esté engañándome a mí misma dando la espalda a mi tristeza, que abusa un poco de la rutina. En ese punto no sé si lo estoy haciendo bien o si debería gestionarlo de otra forma. ¿Vosotros qué opináis?

Comienzo cada día con un selfie de sonrisa y ascensor para ver en mi reflejo una pizca de energía positiva

Hacía unos días que no lloraba y esta mañana me lo he permitido en la oficina, sin que mis compañeros se dieran cuenta, muy en bajito para no molestar porque no me gusta ser el centro de atención en estas situaciones, pero creo que no es bueno contener la pena y el llanto. Hoy especialmente eché de menos a mi rubito de ojos azules y pensé en cómo hubiera sido conciliar. La realidad a veces es una bofetada que te deja sin sentido y, precisamente, eso que tanto pudor nos da es lo que hay que hacer: llorar, expulsarlo, patalear y coger aire de nuevo. Sigo en la montaña rusa más extrema y no sé como será lo que está por venir, no estoy peor pero tampoco estoy al 100%. Con todo, intento aprovechar cada pico de felicidad para contagiarme de esa energía positiva tan propia de la yo de antes de ser mamá.

Será que el otoño ha llegado y no me he dado cuenta porque quizá me haya pillado trabajando y que en apenas cuatro meses llegaremos al final del ciclo de este primer año de duelo. Sé que los días serán más cortos y la falta de luz me va a afectar, pero como me decía hoy Miguel debemos estar preparados para seguir, con determinación, dando pasos de gigante intentando balancear los momentos buenos con los malos y procurar mirar hacia adelante sin olvidar el porqué estamos aquí, porque aunque a veces todo se vuelva gris, incluso en otoño, los días de sol serán mejor.

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One thought on “Los días de sol serán mejor

  1. Hola, Luisa, sigo tu blog y comparto muchos de los sentimientos que expresas. Mi niña murió también en enero, en 2018. Desde entonces hago lo que puedo, y algo que he aprendido es que cada duelo tiene su ritmo, porque el duelo refleja cómo somos (o éramos o seremos). Creo que es tan legítimo el que decide pasar página como el que lo vive, cada uno hace lo que puede. Y también valen los términos medios. Las que hemos decidido (como si fuera una elección) vivir nuestro duelo, pasamos por momentos en que necesitamos olvidar para seguir sobreviviendo, a base de llenar la agenda de actividades. Yo al menos lo hago así, aunque por otro lado no he sido capaz de incorporarme al trabajo y a la vida social. Cada una lleva su ritmo…
    Me llegó cuando escribías sobre crear experiencias felices para ir afrontando la vida. Espero que estas vayan pesando cada vez más y logren darnos la calma necesaria.

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