Papi, ¿me cuentas un cuento?

Por Miguel Pato.

—Papi, ¿me cuentas un cuento?

—¡Claro, mi amor! ¡Ahora mismo voy! ¡No te preocupes, que tardo en llegar lo que tú tardas en dedicarme una de esas sonrisas maravillosas que guardas para momentos especiales! —Papi, ¿pero acaso es hoy un momento especial?

—¡Claro que lo es! Siempre lo es cuando pienso en ti, o cuando estoy contigo de esa forma tan especial que acordamos tú y yo, o incluso cuando hacemos mami y yo lo que sea para recordarte, mi amor.

—¡Papi!, no estés triste…

—No, querido Miguel. No te preocupes por mí, que la tristeza es simplemente algo que viene y va, un estado temporal de ánimo por no tenerte aquí, con tu hermanita Inés. Pero tranquilo, que es simplemente egoísmo por tu ausencia física, ya que sabemos que estás y estarás siempre entre nosotros.

—¡Mira! Te mandamos infinitos de esos besos volátiles que se ocultan en el aire para llegar más rápido a donde tú estás. —¿Los sientes cómo acarician tu mejilla? Nosotros a ti sí que te sentimos siempre.

Dedicado a nuestro primer hijo, Miguel.

Nos situamos en una mañanita, muy temprano. El lugar hemos decidido que lo inventes tú, querido lector, para que sea más a tu gusto, ya que así lo será también al mío. La pequeña bebé todavía estaba en su cuna, esperando ese primer aviso de que alguien está cerca de ella, deseando que salten las alarmas de sus llantos para que, como siempre, todo a su alrededor se convierta en mimos, besos, abrazos, caricias, como no podía ser de otra manera con Inés. Pero esa mañana sin saber el porqué, sus papás estaban más holgazanes de lo normal, y habían decidido dejarse seducir un poco más por los encantos de Morfeo.

El silencio estaba presente por todo el hogar. Se oían si acaso en el salón lejanos tic tac del reloj de pared del abuelo que acunaban todas las noches el dormir de la pequeña. En la calle, ambiente de domingo por la mañana. Algún que otro corredor madrugador que se afanaba en luchar contra la pereza para desentumecer esos músculos poco acostumbrados a la disciplina del deporte. ¡Sí, como papá algunas veces!, ¿verdad? También se mezclaba rico olor a café y pan recién hecho junto con el ambiente deportivo de las personas que paseaban a sus mascotas de camino al ritual de domingo, café y periódico, como mamá; u otros como el abuelo, que solamente deseaban pasear a los cachorrillos. En la mente de Inés, fugazmente permanecía el recuerdo de ayer noche, cuando sus primas habían disputado enérgicamente quién de las dos sería capaz de dormirla… entre juegos, bailes y canciones infinitas. No sabía por qué, pero ese día se percibía especial en el ambiente. De repente, la pequeña se quedó fijamente mirando el retrato de su hermano Miguel, que estaba colgado en la pared de la habitación, y que la observaba como un angelito de la guarda.

Y así, como por arte de magia, ese retrato cobró vida. 110 111 Y ese angelito comenzó a revolotear festivamente por toda la habitación mientras se reía y se animaba más y más, sin dejar de mirar a la pequeña. Inés, sorprendida, se movía de un lado para otro en su cuna, excitada, agitando sus piernas en el aire mientras se reía y se reía una y otra vez. El angelito, con gran elegancia y dulzura, se posó a su lado, y la niña se tranquilizó, sin dejar por un segundo de esbozar esa tierna sonrisa que enamoraba a quien la mirase.

—¡Hola Inés! —exclamó— ¡Qué ganas tenía de poder hablar contigo, de tocarte, de acariciarte, de sentirte! ¡He estado esperando ansiosamente este momento desde hace mucho tiempo, pero sin duda hoy es el día! Hoy estás de cumple, tu primer cumpleaños, y yo no me podía olvidar de mi hermanita pequeña.

Por cada palabra que pronunciaba Miguel, su hermana abría más los ojos y su sonrisa se acentuaba con más ternura. Sus palabras eran sin duda una seducción total para la pequeña. Sonaban dulces, acariciantes, tiernas… maravillosas.

—Inés —proseguía Miguel, con seguridad—. No quería marcharme para mi retrato sin decirte un secreto que hasta ahora solamente compartía con mamá y papá.

—El secreto es cómo hacer para poder localizarme: muy fácil —le explicaba—. Solamente tienes que cerrar los ojos y apareceré rápidamente, sin dudarlo. Mientras tanto, te regalo un besito en la nariz.

En ese momento, el angelito se acercó a la bebé, que le miraba fijamente, y le dio un beso en la puntita de su diminuta nariz. Como por arte de magia, comenzaron a sucederse distintas cosas: la habitación se iluminó con una luz especial, el sol comenzó a brillar con fuerza en el exterior, atravesando las cortinas de la habitación de la pequeña; en la calle se escuchaban los trinos de los pájaros que contestaban por la llegada de este feliz momento. Al fondo, por el pasillo, se oían venir unos pasos muy lentamente, y un sonido al principio imperceptible, que según pasaban los segundos iba aclarando su contenido. —¡Te deseamos todos, cumpleaños feliz! ¡Feliz cumpleaños Inés! La puerta de la habitación se abrió, y de repente aparecieron en ella papá y mamá sosteniendo una hermosa tarta de cumpleaños con una velita roja donde aparecía en el medio el número 1. ¡Era el primer cumpleaños de Inés! Y ese día su hermano Miguel había querido estar también con ella. La bebé no paraba de sonreír, de moverse y de gritar de alegría mientras miraba para sus papás al tiempo que sostenía en sus manos una pequeña pluma de unas alitas blancas, la cual agarraba con una dulzura infinita. Este había sido su primer regalo de cumpleaños. En la pared, el retrato de su hermano Miguel seguía la escena, sonriéndole. Papi, mami e Inés comenzaron a mirarlo mientras por sus mejillas caían unas pequeñas lagrimitas y una tímida sonrisa se dibujaba en sus rostros. Miguel les contestó con un guiño de sus ojitos… y ese momento se convirtió en mágico, pero no por el momento en sí, sino porque por primera vez, aunque solo fuese por unos segundos, esta familia de cuatro personas volvió a estar de nuevo junta. Y yo, que estaba allí, te puedo asegurar que es verdad. Si acaso no me creyeses, querido Miguel, te invito a hacer lo que he hecho yo para hacerlo realidad. Mira, sígueme. Cierra los ojos y comienza a imaginarlo y verás cómo por arte de magia todo vuelve a suceder… y no es magia, querido mío, eso es amor infinito.

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